domingo, 5 de febrero de 2017

Una carta del pasado


13 de Enero de 2011

Abro los ojos en esta fría mañana de enero. Espero impaciente tu llamada, una llamada que no llega, una llamada que ansío más que nada tan solo para poder oír tu voz. Pasan los minutos, que acaban convertidos en horas y no se nada de ti. Me siento en el sofá, nerviosa e impaciente por tener alguna noticia y sin saber que hacer. El cielo se oscurece y llena de estrellas, acompañadas por la luna menguante de esta noche, una luna que ya casi ha desaparecido en el cielo, como una extraña y oportuna señal de tu ausencia.
Se acerca la hora de dormir. Me pongo en pie y comienzo a dar vueltas preocupada esperando todavía esa llamada. Miro mi reloj pero de repente los segundos parecen avanzar más lentamente.
Durante años, desde que nos conocemos, he escuchado tu voz a diario desde que asomaba el primer rayo de sol por el este hasta que desaparecía el último de ellos por el oeste. ¿Por qué tardas tanto hoy? ¿Donde estás, 'E'?
Ya no aguanto más y agarro mi móvil. Si tu no llamas lo haré yo pero... que extraño... tu número ha desaparecido. Miro el registro de mensajes y llamadas pero no hay rastro alguno de nuestras interacciones. Me entretengo mirando en los archivos de la memoria y observo con horror como han desaparecido todas nuestras fotos y las canciones que grabaste para mi. Enciendo el ordenador y miro en cada una de las redes sociales pero no te encuentro en ellas. Es como si hubieses dejado de existir.
Necesito calmarme. ¿Estarán los nervios jugándome una mala pasada? Vuelvo al sofá y me tumbo en él. Siento en los ojos el destello de un fuego encendido y giro la cabeza para mirar las danzantes llamas de la chimenea. Me quedo embobada, tratando de no pensar pero de pronto y cuando menos lo espero te veo al fin, sobre la chimenea. Una urna de alabastro con tu nombre grabado y cenizas en su interior.
Lágrimas de rabia y frustración caen por mis mejillas al tratar de recordar tu rostro, antes tan vivo en mi memoria. El rostro de la persona más importante que jamás he conocido. Una persona que apareció de la nada, brillando con luz propia, intentando guiarme a través de los oscuros senderos por los que había vagado toda mi vida. Esa luz... tu luz... tan cálida, pura y brillante que me rescató de un mundo lleno de tristeza y desesperación, desprovisto de todo color.
Al verte pude pude sentir por vez primera que estaba viva y comprendí que no me encontraba en aquel infierno en el que siempre pensé que estaba atrapada. ¿Como iba a poder ver a ese ángel si no? No, definitivamente no podía estar en ese terrible lugar.
Me enseñaste a observar, a apreciar las pequeñas y hermosas cosas que me rodeaban. Me enseñaste lo que se siente al amar de verdad a alguien por primera vez. Y sin embargo ahora no puedo ver tu rostro. No puedo escuchar tu melodiosa voz. Ya no siento la calidez de tus manos ni la ternura de tus labios al besarme. Todo parece haber sido un sueño, un largo sueño en el que conocí a una mujer demasiado perfecta como para ser real.
¿Como puede una simple ilusión provocarme un dolor tan real? ¿Me he vuelto loca? Pero ahí estás, sobre la chimenea. Sin duda eres... fuiste real...
Escribo esta carta sin saber por qué. Jamás llegarás a leerla o escuchar las palabras que en ella hay escritas. Palabras que cada día acuden a mi mente desde hace meses. Desde que me dejaste...
¿Por que no puedes estar a mi lado?¿Por que me has dejado de nuevo vagando en la oscuridad?
Quizás deba ser yo quien vaya en tu busca. Solo debo esperar a que mi vida llegue a su fin y mantener la esperanza de que nos volveremos a encontrar, más allá de esta realidad llena de sufrimiento y dolor.
Quizás de esta manera pueda comprobar que exististe de verdad. Quiero saber que la felicidad que trajiste a mi vida fue y puede volver a ser real...

Hasta siempre, 'E'... mi primer amor

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